Temas Monográficos

Nuestro Viaje por las Playas del Suroeste de Portugal 2

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Tomamos de nuevo la N-125 y, una vez dejado atrás Vila do Bispo, nos dirigimos a Portimao-Lagos. A pocos kilómetros, en el cruce de la población de Raposeira estará nuestro nuevo destino. En el semáforo de Raposeira tomaremos la desviación de la derecha, de nuevo una estrecha carretera, ahora de asfalto, ahora de piedra, nos saca del pueblo y nos lleva a una nueva encrucijada: Zavial a la derecha y "praia" todo recto. Si nos decidimos por la derecha llegaremos, efectivamente a la localidad de Zavial y la playa de Ingrina.

Nosotros seguimos todo recto y, tras unos kilómetros de toboganes, llegamos al la playa de Zavial, que no está en Zavial.

Esta playa tiene ya las características de las playa meridionales: es una playa más o menos amplia, rodeada de una morfología compleja con calas y altos acantilados que dibujas una accidentada costa de variadas formas que se internan en el mar. Y así es.


Playa de Zavial

Playa de Zavial
Zavial tiene bandera azul, y un restaurante donde se debe emboscar el socorrista porque nunca lo vimos. La parte ancha de la playa forma parte de la desembocadura de una antigua riera y es la zona "superpoblada" con grupos familiares, juegos de palas, y castillos de arena. Hacia la izquierda, y discretamente, el grupo playero va perdiendo indumentaria por el camino hasta llegar a una zona fundamentalmente nudista que a ratos se embosca tras pequeños muros de piedra para protegerse del viento, a ratos se muestra más abiertamente sobre la playa y bajo el acantilado que "amenaza" derrumbarse.

En bajamar, si continuamos más a la izquierda, podemos acceder a un buen número de calas que deja el agua al descubierto y que, conociendo anticipadamente el movimiento de las mareas, pueden proporcionarnos rincones solitarios maravillosos. Textiles y nudistas coinciden en la búsqueda de cangrejos o de moluscos sobre las piedras que, a las pocas horas, el agua cubrirá de nuevo.

De nuevo en la N-125 hacia Lagos, tras las subidas y bajadas de la carretera (¡ojo con los conductores temerarios, o los timoratos, que de todo hay!, y mucho inglés no acostumbrado a conducir por la derecha) llegamos al semáforo de Salema. A la izquierda de la nacional quedará un campo de golf y a la derecha el desvío a Salema y Figueira. Una vez hecho este desvío continuamos hasta Figueira, pasado este pequeño pueblo un nuevo desvío, esta vez a la izquierda y varios kilómetros más adelante un nuevo camino de tierra, señalizado con una pintada sobre la calzada, nos lleva a la playa "das Furnas", otra de las joyas del Algarve.

Das Furnas no tiene ningún servicio y apenas un "parking" para dos docenas de coches, por lo que su ocupación no puede ser muy elevada. Como Zavial, es lo que parece la desembocadura de una antigua  rambla, y se accede a la playa sobre un montón de cantos rodados. Un vez en ella nos encontramos con una playa de apenas 200 m. de punta a punta, rodeada de acantilados en los que el agua ha excavado cuevas o "furnas", predominantemente a la izquierda de la playa, de predominancia textil.


Playa das Furnas

Playa das Furnas
Esta vez el nudismo se desplaza a la derecha; grupos familiares, parejas con perro, edades variopintas... y todos, textiles y nudistas, al capricho del mar que, en los días que estuvimos, nunca estuvo manso del todo. La caída de la tarde es espectacular, cuando los grupos se van marchando, el acantilado va proyectando su sombra cada vez más alargada comiendo terreno a la playa y los pocos que quedamos nos abrigamos al sol a la entrada de una de las cuevas,. La calita de la derecha desaparece bañada por la marea.

Un mayor grado de intrepidez requiere la playa de Figueira, a la que se accede por el camino que sale de la población y que indica "fortaleza", y es que la cala se abre justo debajo de una antigua fortaleza. Un camino de tierra conduce a un reducido aparcamiento en el que se indica que sólo se puede continuar a pie. Y, en efecto, tras un "paseo" de cerca de un kilómetro entre higueras y tierras de labor se llega a una diminuta cala de apenas 50 m. de ancha, con escasa ocupación y una mar abierta y embravecida la mañana que estuvimos.

No puedo calificarla como textil, nudista o mixta puesto que aquella mañana éramos tres o cuatro desnudos, algunos bikinis y top-less,  unos cuantos niños, una familia vestida contemplando el mar, y un par de perros, y pare usted de contar. En Figueira lo importante es llegar.