Temas Monográficos

Punta Serena, Jalisco, México, el lugar que por muchas razones
se ha vuelto nuestro destino nudista favorito

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EL VIAJE
Siete mil espectadores ovacionamos las últimas interpretaciones de Alejandro Fernández después de casi tres horas de concierto en el palenque de las fiestas de octubre 2007, en Guadalajara. A las 3:15 de la fría madrugada del viernes 2 de noviembre, Anabel y yo nos dirigimos a paso presuroso a nuestro coche, para iniciar el trayecto hacia Punta Serena y cambiar en unas cuantas horas el gélido viento tapatío, por la cálida y húmeda brisa marina.

Una brevísima escala en la casa nos permitió cambiarnos de ropa y subir el equipaje al coche. A las cuatro en punto salíamos del fraccionamiento en que vivimos y tras una visita a la gasolinera para llenar el tanque y comprar un par de cafés, tomamos la autopista hacia Colima. Antes de diez minutos, mi compañera --de viaje y de mi vida-- estaba profundamente dormida (¡lo que es tener la conciencia tranquila!) y yo comenzaba a devorar los primeros kilómetros del total de 350 que separan la casa de nuestro particular paraíso.

El trayecto fue muy agradable, con mi música favorita, escaso tráfico y condiciones climáticas ideales, aunque debo decir que paré incontables ocasiones, ora para comprar coca colas, ora para desalojar la vejiga. La llegada a la costa coincidió con el amanecer, media hora después los ojos de Anabel contribuyeron a iluminar un espléndido día de cielo impecablemente azul. A las 8.15 nos registrábamos en la recepción de Punta Serena.

LLEGADA
Xóchitl, la amable recepcionista que nos atendió, nos informó que debido a que el hotel estaba a su máxima capacidad, no sería posible tener una habitación antes del mediodía.

Podríamos, sin embargo, cambiarnos de ropa en el SPA, y empezar a hacer uso de las instalaciones del resort mediante un pago extra de 200 Pesos (= 13 Euros) por persona. De otra forma, no tendríamos derecho a realizar consumos sino a partir de las 11 de la mañana. Aceptamos el cargo extra y de inmediato nos dirigimos al restaurante para desayunar.

Una fresca ensalada de frutas con queso cottage, jugo natural y chilaquiles con huevo constituyeron nuestro primer alimento del día, aunque en realidad nos nutrió mucho más la vista del mar y cielo azules, desde la privilegiada posición en que está situado el restaurante.

Poco más tarde cambiamos nuestra ropa "de ciudad" por pareos y sandalias, y bajamos los 114 escalones que llevan a la playa provistos de toallas, bronceador y unas ganas enormes de disfrutar nuestra primera jornada nudista.

La playa de Punta Serena, una franja de arena de 340 metros de longitud por unos 25 de ancho, que corre en sentido poniente-oriente, con el mar al sur, está delimitada por altos riscos en ambos extremos, lo que la hace prácticamente privada y óptima para el nudismo. Su arena es café claro, bastante fina tratándose del Pacífico, y el oleaje es moderado, aunque arrecia con viento fuerte.

Ahora la playa cuenta con 9 palapas rústicas, cada una con un par de camastros de resina con malla elástica, bastante cómodos, de reciente adquisición, que sustituyen a los rígidos y escasos de fibra de vidrio que antes existían; de éstos aún subsisten dos o tres, como recuerdo de los "tiempos duros".

A las nueve palapas se suman dos nuevos camastros dobles, de madera, con techo de palma, que sin duda aún esperan sus respectivas colchonetas y cortinas de gasa, como se estila ahora en muchos hoteles y clubes de playa. De momento no hay más que eso. Si los huéspedes requieren bebidas o alimentos, éstos les son provistos en el bar del hotel, donde también ofrecen hieleras, vasos y platos. No hay servicio de meseros a la playa. Esperamos ansiosamente el día en que la administración decida construir un snack bar en la playa, ¡lo único que falta para hacerla perfecta!. Ahora que ya en plan exigente, sería ideal que una persona dedicara un par de horas al día para acondicionar el área de palapas y recoger alguna basura que huéspedes inconscientes no se molestan en colocar en el depósito.
Apenas nos habíamos instalado en nuestros camastros cuando conocimos a una pareja de León (Guanajuato, México), en su segunda visita a Punta, y que habían sabido del lugar leyendo algunos reportes de viaje publicados por mí en la Internet. Desde hace aproximadamente un año estábamos teniendo contacto vía e-mail, y ahora tuvimos la oportunidad de coincidir en este destino. Debo decir que fue un afortunado encuentro con un matrimonio sumamente agradable a quienes el nudismo, como a nosotros, les ha "pegado" fuerte.

Poco mas tarde llegaron los "profes", un matrimonio zacatecano que también se aficionó al nudismo y a Punta Serena luego de leer algunos de mis artículos en la red. En su cuarta visita a este hotel, es la segunda ocasión en que coincidimos.

Cuando alrededor de las doce del día subí al bar por bebidas y algunas botanas, aproveché para pedir la llave de la habitación, la cual, como nos habían ofrecido, ya estaba lista.

Respecto de la habitaciones, apreciamos algunas adecuaciones desde la última vez que estuvimos allí hace 11 meses: el mobiliario ha sido completamente sustituido por elementos de mayor calidad y mejor gusto.

La televisión es ahora más grande y moderna, y la programación más variada. La ropa de cama también es nueva, y aunque no puedo asegurar que lo hayan cambiado, nos pareció que el colchón era más confortable.

Seguramente también habrán hecho arreglos en la planta potabilizadora de agua, puesto que esta ha perdido el desagradable sabor salobre que la caracterizaba. En resumen, las habitaciones han sido mejoradas sustancialmente.

A la habitación llegamos alrededor de las cuatro de la tarde, luego de comer un snack en la playa. Era hora de tomar una merecida siesta, luego de casi treinta y seis horas sin conciliar el sueño.

Nos despertamos al anochecer; una excelente cena nos esperaba en el restaurante, después de la cual nos fuimos un rato al jacuzzi.

Justo es mencionar que tanto los jacuzzis como la alberca han sido remodelados. Los primeros han sido recubiertos de azulejo travertino, en tanto la alberca, también recubierta del mismo material, tiene ahora un vertedero del lado del mar, que le da continuidad visual al agua de ésta con la del océano.

Detalles que muestran el interés de la administración en un proceso de mejoras constantes a las viejas instalaciones.

SÁBADO
Dado que todos los camastros disponibles en la playa estuvieron ocupados el viernes, el sábado me levanté temprano para reservar un par de ellos y una palapa. El cielo sin una sola nube exigía tener sombra disponible para protegernos en las horas de sol más intenso.

Después de desayunar y reposar un rato en la habitación, nos dirigimos a la playa. Desde ese momento, decidí andar desnudo todo el tiempo, con excepción del restaurante, en donde no está permitido el nudismo. Me sentí sumamente liberado y completamente confortable. Anabel hizo algunos recorridos (por ejemplo, de la playa a la alberca) sin cubrirse, y no tuvo ningún inconveniente. Ese día, y debido a que el hotel estaba a su máxima capacidad, llegó a haber en la playa hasta 12 ó 14 parejas simultáneamente, con un alto porcentaje (el mayor que he visto hasta ahora en Punta) de nudistas. Podría afirmar que sólo 3 o 4 personas decidieron conservar sus trajes de baño.

Ese día subimos a comer al restaurante, lo que no fue necesariamente bueno, ya que el servicio fue especialmente lento. En total perdimos un par de horas de playa, entre la comida y el "show" de vestirse y volverse a desvestir. Reitero mi más ferviente deseo de que pronto instalen un snack bar en la playa. Esa noche usamos por primera vez la recién remodelada alberca, y de nuevo disfrutamos del jacuzzi.
DOMINGO
Ese día no variamos mucho la rutina del sábado, con la diferencia de que las tres parejas de amigos decidimos comer en la playa. El mar estuvo genial, fuerte pero ideal para jugar y dejarse llevar por las olas. Entre las doce y las dos de la tarde la playa comenzó a despoblarse, por los huéspedes que dejaban el hotel. Quedamos solamente unas 6 parejas. Nos subimos al área de alberca y jacuzzis más temprano, lo cual fue una buena decisión. Pudimos observar el espléndido atardecer desde la terraza y dejamos descansar la piel de un exceso de sol y sal. La cena fue larga, buena y divertida; completamente agotados nos fuimos a la cama alrededor de las 10:30 de la noche.
ULTIMO DÍA Y REGRESO
El paquete "Serena Oro" permite, entre otras cosas, un check out a las cuatro de la tarde, lo cual me parece una enorme ventaja sobre la mayoría de los hoteles en donde, al solicitar un "late check out" siempre ponen algún pretexto y en muchos casos cobran un extra nada económico. Aún así, la mañana transcurrió más rápido de lo que nos hubiese gustado. Primero en la playa, con las últimas dos horas en la alberca. Comimos allí mismo, y nos preparamos para la salida. En el trayecto de regreso encontramos un poco más del tráfico usual, pero aún así hicimos el recorrido en cuatro horas hasta la casa, donde de inmediato volvimos a sumirnos en la rutina cotidiana. Anabel fue a recoger a los niños en casa de mi suegra, mientras a mí me esperaba una junta escolar.