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En los ojos de los otros |
Todo aquello que nos causa pudor -algo así como una vergüenza ligada con la mostración de lo que consideramos más íntimo- tiene como origen el aprendizaje cultural, y se siente sobre todo en la mirada acusatoria de los demás cuando uno se sale de la norma y enseña lo que "no debe". En la actualidad, por ejemplo, nadie se escandaliza al pasear por nuestras playas y ver a una gran mayoría de mujeres prescindir del "top" del biquini, pero si a una de esas mismas mujeres se le ocurriera desprenderse de la ropa en pleno centro de Madrid, Barcelona o cualquier ciudad de nuestro país, los demás reaccionarían con desaprobación e incluso con violencia (de entrada, la policía se la llevaría por delante por escándalo público). Los ojos de los demás son, pues, el duro espejo donde comprobar si se refleja o no ese sentimiento que, en casi todas las culturas, tiene que ver con los tabúes relacionados con el cuerpo: en definitiva, lo que cada sociedad considera erótico (los tobillos, un pie, una nuca, los pechos, el sexo...) es susceptible de ser tapado y, si no, te expones como mínimo a la censura de los otros. Y si uno no se corta por dejar ver tal o cual parte de su cuerpo, serán ellos con su mirada escrutadora e inquisitorial quienes le recuerden los límites. Basta con visitar este verano otros países para descubrir que puedes sentirte realmente mal si no sigues las "costumbres pudorosas vigentes": ponerse en bañador en una playa al sur de la India, incluso uno de esos bañadores femeninos de piscina que te cubren hasta el cuello, despertará la expectación (no muy agradable) de todo el personal nativo masculino y la ira de alguna que otra respetable señora india que, como todas las demás, se mete en el agua con el sari al completo, arremangándose como mucho hasta media pantorrilla; ya puedes imaginarte lo poco excitante y engorroso que es nadar con sari, por no decir imposible. Serás el blanco de todas las miradas, se harán fotos contigo de fondo para enseñarlas luego a los amigos, se acercarán tanto que invadirán algo más que tu espacio físico, incluso tendrás la sensación de que están a punto de alargar la mano y manosearte. Esa misma sensación experimentaron las primeras suecas que llegaron a nuestras playas con sus diminutos biquinis sin la parte de arriba. Aquellos españolitos de larga patilla ni se creían que pudiera existir tanto descaro. Ya ves, todo cambia. En realidad ahora todo es susceptible de ser mostrado, y si no que se lo pregunten a los habitantes de la casa del "Gran Hermano", para quienes la palabra "intimidad" no tiene ningún significado. Y no se trata tanto de que puedas verlos desnudos en la ducha. Hablo sobre todo de que no sientan pudor alguno en hacernos partícipes de emociones que requieren secreto y susurros, y donde tres son multitud, como en lo de enamorarse. |
| Fuente: Revista CNR - Agosto 2000 - Autora: Montse Cano |
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