Los nudistas se instalan en las cálidas
playas españolas


Comenzó como una actitud contestataria utilizada par los jóvenes de los años 60 para desmarcarse de las reglas de la sociedad. Los nudistas, entonces, sólo podían refugiarse en unos cuantos «guetos» en los que ni siquiera se sentían a salvo de las persecuciones de la Guardia Civil. En ellos, al menos, llegaban a tener la sensación de disfrutar de una libertad sin límites y de acercarse un poco más a la vida natural, rompiendo los cánones de la época.

El movimiento hippy era una juventud dispuesta siempre a pasear al filo de la navaja (to live dangerously) y a introducir nuevas fórmulas de rebelión contra una presión social que consideraban injusta.

Era, entonces, el florecimiento del «viva como quieras» y de la búsqueda de la naturaleza por encima de reglas, leyes y conductas morales. Los años pasaron entre continuos sobresaltos y carreras delante de la autoridad, entre días tranquilos de playa y tardes poco sosegadas de juzgado o comisaría. Aquellos héroes desarmados y desvestidos, que proclamaban un mundo sin ataduras y una sociedad despojada de todos los absurdos rituales que la adornaban, son ahora responsables padres de familia, instalados cómodamente en una sociedad que antes atacaban.

Ya no son solamente los jóvenes los que se desnudan en las playas. Los tímidos bañadores topless de hace años, que escandalizaban a los visitantes, son ahora norma aceptada, o al menos consentida, por una gran parte de la sociedad que probablemente ya no entendería una playa en la que no existieran. Pero el nudismo ha sido y es algo más que desvestirse.

Según los propios naturistas, el nudismo es una práctica esencialmente familiar que nace de la idea de que todas las partes del cuerpo tienen el mismo derecho a recibir los beneficios del sol y del aire para conseguir una salud más completa. E1 concepto, por lo tanto, ha cambiado sensiblemente. Aquellos jóvenes contestatarios han encontrado en esta práctica un nuevo concepto que ofrecer a sus hijos dentro de lo que ellos consideran una educación más permisiva.

Disfrutar del sol

Las prohibiciones se han relajado, y aquellas noticias que invadían cada año la prensa sobre las detenciones de grupos nudistas van perdiendo fuerza poco a poco. Eso sí, siguen existiendo en España dos zonas claramente diferenciadas en cuanto a permisividad. La costa mediterránea, donde sus habitantes toleran, a veces simplemente hacienda caso omiso, este tipo de turismo. Las costas del Cantábrico y del Atlántico donde aún siguen produciéndose enfrentamientos con las «fuerzas vivas» de las localidades donde los nudistas pretenden asentarse.

Pero el avance del nudismo era casi imposible de detener y no se quedó en las playas, sino que invadió las ciudades y obligó a crear espacios en las piscinas urbanas. En Madrid, desde hace años, funcionan áreas especiales para naturistas en algunas piscinas municipales.

La evolución que ha sufrido la sociedad española en los últimos años ha significado para el naturismo la posibilidad de existir sin tener que permanecer al margen de la legalidad.

A pesar de que actualmente parece triunfar más-al menos está más de moda-la vuelta al bañador y a la moda de playa, el naturismo mantiene un importante número de seguidores. La contestación al sistema murió hace años, pero algunas de aquellas formas de oponerse a él siguen vivas. El espíritu de los naturistas es ahora otro muy distinto.

Quizás actualmente predomine más en la filosofía naturista el culto al cuerpo que la vuelta a la vida salvaje.

Aquellas utopías de los años 60 acabaron con el paso del hippy al yuppie. Puede que el naturismo sea -como otras manifestaciones sociales que triunfan en nuestros días- sólo un reducto para la nostalgia de aquellos viejos luchadores de un sueño imposible.

 
Fuente: Heinle & Heinle Publishers. An International Thompson Publishing Company 1977. Autor: J. Montolla.

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