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El vestido nos hace diferentes |
El
vestido tiene un origen necesario para afrontar los duros climas que
nos ha tocado vivir como genero. Vestirnos es una forma
cultural y adaptativa principal por el hecho de que sin cubrirnos nos
seria imposible sobrevivir en determinadas zonas climáticas de la
tierra. Forma parte de las adquisiciones que nos facilitan la extensión
como genero por todo el mundo, la supervivencia y el éxito evolutivo
de nuestro genero. Un éxito que hasta el día de hoy no tiene
comparación en la evolución. Los
orígenes del vestir debieron de ser muy modestos. En el nivel TD10
de la dolina de Atapuerca, nuestros colegas Joseph M. Vergès y Andréu
Ollé han localizado objetos que, según presentan el desgaste que
presentan, fueron usados en la preparación de pieles, en la elaboración
del material base para una elaboración posterior de un vestido u
otros bienes relacionados con una mejor adaptación al entorno. ¿Cómo
era la indumentaria usada por las poblaciones de Homo Heidelbergensis
a Atapuerca? Evidentemente, no tenemos una respuesta clara a esta
pregunta. Lo
que si podemos decir es que tenia que estar hecha de pieles de bóvidos,
cervidos o equidos, que eran animales preferentemente cazados.
También
sabemos que no se trataba de vestidos cosidos, ya que no se encuentran
agujas ni objetos similares. En definitiva, debía de tratarse de un
vestuario muy limitado pero que cumplía la función básica de
proteger de los fríos inviernos de los llanos altos del interior de
la península ibérica. Desde
entonces el vestido ha evolucionado mucho. No estamos capacitados para
hablar de formas de distinción sexual o jerárquica entre nuestros
antepasados históricos. Podríamos apuntarles, ya que hemos indicado
tratos diferenciales entre los Neandertales. Pero mi tan solo los
pintores los pintores del paleolítico superior nos han dejado imágenes
de su apariencia. Pintaron numerosos animales, pero nunca
representaron claramente la figura humana. Si ampliamos la vestimenta,
incluyendo objetos de adorno como collares y atuendos para cubrir la
cabeza. Como redes para el pelo, si que hay referencias en el registro
arqueológico. Hay numerosas piezas de hueso y marfil perforadas por
toda Europa que indican la existencia de collares y una sepultura
Italiana de hace veinticinco mil años, en la que se describieron un Al
final del periodo paleolítico si que hay imágenes humanas pintadas y
gravadas que si parecen vestidas. Hay figuras de vestidos amplios y
largos que, por tanto, han estado identificados como mujeres. Esta
identificación, pero, puede ser se haya hecho a partir de una
realidad estética y social actual más que no a partir de un análisis
detallado de una realidad pasada. En
las poblaciones neolíticas ya tenemos la expresión evidente de la
jerarquía en la acumulación de bienes que incluyen objetos de vestir
como los brazaletes, de manera que se amplia y se diversifica el
comportamiento que hemos señalado para el paleolítico. A partir del
neolítico se forman las grandes estructuras jerárquicas del Próximo
Oriente, en las cuales la aristocracia controla la producción y la
distribución de alimento y el territorio, usa el vestido como forma
de distinción. En los murales egipcios se pueden distinguir
sirvientes y señores tan solo por sus vestiduras. En la revolución
francesa aparecieron los famosos sans-culots, una parte de la población
de bajo rango;
eran precisamente los que se revolvieron contra el orden establecido
y la jerarquía los despreciaba refiriéndose despectivamente con el
nombre del vestido que llevaban. Ha
estado muy común la diferenciación de culturas enteras por la manera
de vestir, especialmente importante cuando han convivido en un
territorio concreto y “ha hecho falta” distinguir a los miembros
de cada una. Así todos podían – y pueden – identificar Judíos,
musulmanes y cristianos en la época medieval hispánica a través del
vestido. Comportamientos atávicos similares aún se mantienen, y en
las sociedades modernas los fundamentalistas siguen conservando las
formas tradicionales. En
un campo que ya viene a ser folklórico pero igualmente significativo,
siempre han estado muy apreciados los vestidos tradicionales de cada
cultura, nación o región. Con los vestidos también se muestran las
músicas populares y las formas artísticas. Son muchos los festivales
folklóricos que se producen alrededor del mundo en los cuales el
vestido es un referente cultural. La
diferenciación social engloba tanto la forma de vestir como el
material de que esta hecho. Las caravanas que durante toda la antigüedad
y edad media trajeron vestidos suntuosos de Oriente constituyeron el
gran negocio comercial que vino a dar paso, después, al mundo
artesanal he industrial moderno. Se trataba de telas para señores
occidentales que querían hacer ostentación de su poder mediante
tejidos apropiados. Además
de la jerarquía, en las sociedades y culturas humanas el vestido
denota sexo. A lo largo de toda la historia, las mujeres y los hombres
hemos lucido vestidos y ornamentos diferenciales. En nuestra cultura
esta diferenciación se marca desde el mismo nacimiento cuando a Son
muchas otras las formas de comunicación del lenguaje ornamental. Así,
podemos distinguir los casados o prometidos de los que, según se dice
popularmente en Estados Unidos de América, “aún están en el
mercado”. Los anillasen los dedos nos permiten enseguida hacernos
una composición de la situación, aunque siempre hay quien transgredí
las convenciones. Lo
que no podemos pretender es eliminar la función puramente evolutiva
del vestido que ya hemos señalado. Por eso todas las propuestas
actuales que rompen con las normas de distinción sexual y de estatus
pueden tener éxito siempre que no eliminen el vestido en si como
protección cuando hace falta. Las transformaciones a que nos
referimos son claramente humanizadotas. Podemos incluir, por
descontado, el nudismo y el naturismo, siempre que por este
procedimiento no queramos “humanizar” a los esquimales o a los
lapones. El
siglo XX ha sido rico en movimientos liberadores y matizadores (no de
“eliminación”) de las desigualdades. El movimiento feminista es
una de las formas de humanización que se han puesto en marcha esos últimos
años. Acompañándolo, ha habido la liberación en las formas de
vestir. Coco Chanel se hizo famosa al introducir vestidos típicamente
masculinos para mujeres en la moda de las clases altas. El vestido de
chaqueta y pantalón fue toda una revolución femenina, aunque no
cambiara ninguna estructura social, tan solo la carcasa. En general, pero, el vestido si que ha creado revoluciones reales en el campo de la liberación femenina y en general, de las relaciones sexuales. La socialización del baño en el mar durante la segunda mitad del siglo XX comporto una modificación de la forma de vestir con la introducción de formas más populares y menos clásicas. El bikini, primero el top-less, después, humanizaron las playas, equiparando la indumentaria de la mujer a la del hombre. La reacción fue, evidentemente, el mantenimiento de playas y zonas privadas para quien no se quería mezclar. En ese sentido, las propuestas nudistas y naturistas, en contra de lo que se pueda pensar, lo que han hecho es recuperar el vestido, eso si, en su sentido mas básico y evolutivo. El vestido es un invento que nos permite sobrevivir en climas extremos. Por lo tanto, es absolutamente accesorio he innecesario mantenerlo en situaciones en que no nos puede ser útil. Lo
que ha pasado en el mundo de las mujeres tiene paralelos en el de los
hombres. También hay transformaciones que tienden a una
horizontalidad en las formas de vestir entre las cuales queremos
remarcar una que nos afecta directamente. Era común en nuestro país
durante los años cincuenta y sesenta vestir a los chicos y jóvenes
con pantalón corto, para indicar así su edad. Ahora solo quedan
restos en escuelas demasiado tradicionalistas. Hay que tener también
presente la otra cara de la moneda. Era mal visto y criticado que
hombres adultos se vistieran con esa misma pieza de ropa. Nosotros la
llevamos cotidianamente durante el caluroso y muchas veces húmedo
verano. Ahora esta practica ya esta muy extendida, pero cuando uno de
nosotros lo introdujo por primera vez en el ambiente universitario fue
motivo de burla y crítica por que era inconcebible que en una entidad
tan seria e ilustre pudieran haber profesores que vistiésemos de una
manera tan inadecuada. La universidad también ha de ser una institución
horizontalizada,
humanizada. La
humanización en el vestido es de las más marcadas he importantes por
que también es, como hemos repasado muy ligeramente, de las que
indican y ayudan a mantener más claramente las jerarquías y
desigualdades. Tenemos que arrinconar en la historia las imposiciones
imperialistas de la moral judeocristiana que, además de hacer creer a
medio mundo en su Dios, impuso la vestimenta a poblaciones que nunca
los habían usado. Lo hicieron en nombre de una pretendida civilización
que aún no había sabido ver que el vestido es históricamente
funcional. No lo habían descubierto por que la ciencia aún no era
una actividad social y el orden se basaba únicamente en la moral y
sus ideales de desigualdad. Recordemos lo que decíamos respecto a
otras intervenciones que han reforzado históricamente las jerarquías
como el enterramiento y el fuego. Estas últimas son formas humanas,
pero las jerarquías no lo son. En este campo, la creación humana ha
sido matizarlas y superarlas parcialmente. La meta definitiva, por
supuesto, será la eliminación de las formas verticales de organización.
Será una creación totalmente nueva en la naturaleza y en la historia
humana. Podemos
ver que la humanización ha de ser paralela en muchos campos: en el
intelectual, en la organización y en el vestido. Entre otras. Ahora
que la ciencia ya es una actividad social, no podemos caer en esquemas
de épocas pasadas y mantener, de una manera oscura, ni la
diferenciación ni el imperialismo en las costumbres. La humanización
pasa por aquí. |
| Fuente: Libro "Aún no somos humanos" de Eudald Carbonell y Robert Sala. Traducido por Joan B. Franch. |
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